Proyecto aprobado en primer debate promete nuevas fuentes de financiamiento para clubes y federaciones, pero abre un intenso debate sobre sus efectos sociales
La Asamblea Legislativa aprobó en primer debate un proyecto de ley que permitiría nuevamente que empresas productoras y comercializadoras de bebidas alcohólicas patrocinen equipos, eventos y organizaciones deportivas en Costa Rica.
La iniciativa recibió el respaldo de 41 diputados y ahora enfrenta una consulta constitucional impulsada por legisladores que consideran que podría afectar la salud pública, especialmente entre niños y adolescentes.
El proyecto busca eliminar restricciones que actualmente impiden la presencia de marcas de bebidas alcohólicas en actividades deportivas y en los uniformes de equipos integrados por deportistas adultos. Sus defensores sostienen que la medida permitiría atraer importantes recursos privados para fortalecer el deporte nacional. Sus detractores, en cambio, advierten que el costo podría pagarse en términos de salud pública y normalización del consumo de alcohol entre los más jóvenes.
El principal argumento a favor: más dinero para el deporte
Quienes respaldan la reforma afirman que el deporte costarricense enfrenta limitaciones económicas que dificultan el desarrollo de atletas, clubes y programas de formación.
Bajo esta lógica, permitir el ingreso de patrocinadores provenientes de la industria de bebidas alcohólicas abriría una nueva fuente de financiamiento para equipos de fútbol, federaciones y organizaciones deportivas que actualmente dependen de presupuestos limitados, patrocinios escasos o aportes estatales insuficientes.
Los impulsores del proyecto señalan que en numerosos países las marcas de cerveza y otras bebidas alcohólicas forman parte de los principales patrocinadores del deporte profesional, aportando recursos que permiten mejorar infraestructura, contratar personal técnico, financiar ligas menores y desarrollar nuevos talentos.
Incluso algunos defensores sostienen que una parte de esos recursos podría terminar beneficiando programas deportivos infantiles y juveniles, generando más oportunidades para jóvenes que hoy carecen de acceso a instalaciones, entrenadores o competencias organizadas.
El principal argumento en contra: la influencia sobre niños y adolescentes
Sin embargo, el aspecto más controvertido del proyecto tiene relación con la exposición de menores de edad a marcas asociadas al alcohol.
Diversos diputados y especialistas han advertido que la publicidad deportiva posee una capacidad de influencia muy superior a la publicidad tradicional, especialmente cuando se vincula con figuras admiradas por niños y adolescentes.
Los críticos señalan que cuando una marca de cerveza aparece en la camiseta de un equipo, en una transmisión deportiva o en un torneo popular, el mensaje comercial puede asociarse inconscientemente con valores positivos como éxito, esfuerzo, popularidad o rendimiento físico.
La diputada Janice Sandí afirmó durante el debate legislativo que estudios citados por la Organización Mundial de la Salud indican que una mayor exposición a este tipo de publicidad incrementa significativamente la probabilidad de iniciar el consumo de alcohol a edades tempranas.
¿Qué podría ocurrir en la práctica?
Si la ley entra en vigor, los aficionados podrían volver a ver logotipos de cervezas y otras bebidas alcohólicas en uniformes, estadios, vallas publicitarias y transmisiones deportivas.
Para un adulto, esto puede representar simplemente una estrategia comercial. Para un niño que sigue a su equipo favorito cada semana, la exposición sería constante durante años.
Los expertos en prevención de adicciones suelen advertir que el inicio temprano en el consumo de alcohol aumenta los riesgos de dependencia futura, accidentes, problemas académicos y afectaciones en el desarrollo cerebral. Por esta razón, varios sectores consideran que cualquier política pública debe analizar cuidadosamente el impacto indirecto sobre la población menor de edad.
Un debate que va más allá del fútbol
Aunque gran parte de la discusión se ha centrado en los equipos de fútbol profesional, el alcance de la medida podría extenderse a diversas disciplinas deportivas.
Eso significa que organizaciones con dificultades económicas podrían acceder a nuevas fuentes de financiamiento, pero también que la presencia de estas marcas podría expandirse hacia eventos donde participan o asisten menores de edad.
Precisamente ahí se encuentra el centro de la controversia: mientras unos ven una oportunidad para fortalecer el deporte nacional, otros consideran que se corre el riesgo de normalizar aún más el consumo de alcohol en una sociedad donde ya existen importantes desafíos relacionados con esta sustancia.
El desafío de encontrar un equilibrio
La discusión legislativa ha evidenciado un dilema complejo.
Por un lado, el deporte costarricense necesita recursos para crecer, desarrollar talento y competir internacionalmente. Por otro, el Estado tiene la responsabilidad de proteger a la niñez y la adolescencia frente a factores que podrían incentivar conductas de riesgo.
La pregunta que ahora deberá responder la Sala Constitucional y posteriormente los diputados es si es posible obtener los beneficios económicos de estos patrocinios sin comprometer los esfuerzos de prevención dirigidos a las nuevas generaciones.
Más allá del resultado final, el debate deja una reflexión de fondo: cómo financiar el deporte nacional sin perder de vista que miles de niños y adolescentes siguen viendo en los atletas a sus principales modelos de conducta.

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